Tres Dipinos se montaron en el avión rumbo a quién sabe dónde, porque cuando los Dipinos viajan, lo importante no es el destino… es el cuento que queda después.
Después de acomodarse, abrocharse los cinturones y discutir quién tenía el asiento de la ventana, llegó la azafata empujando el carrito de comida.
Con una sonrisa impecable preguntó:
—Choices for dinner: chicken with baked potatoes or pasta salad?
Los tres Dipinos se miraron.
El primero hizo una mueca.
El segundo levantó una ceja.
Y el tercero, sin siquiera mirar a los otros dos, dijo:
—Pasta salad.
La azafata quedó sorprendida.
—¿Los tres pasta salad?
—Los tres.
—¿Nadie quiere chicken?
Entonces vino la explicación.
El pollo, señoras y señores, estaba vedado.
¿La razón?
Los huesos.
Porque un Dipino puede enfrentarse a turbulencia, jet lag, largas filas, maletas perdidas y hasta a un asiento que no reclina…
Pero no está dispuesto a pelear con un pollo lleno de huesos a 35,000 pies de altura. 😂
—¿Y qué pasa con los huesos? —preguntó la azafata.
El Dipino mayor respondió, con la seriedad de quien está defendiendo una ley constitucional:
—Aquí el pollo con huesos no califica.
El segundo agregó:
—Uno viene a viajar, no a hacer cirugía ortopédica al pollo.
Y el tercero remató:
—Además, imagínate eso: uno con el tenedor en una mano, el hueso en la otra y la bandeja brincando con la turbulencia.
—¡No, no, no! —dijeron los tres casi al mismo tiempo.
Pasta salad.
La azafata anotó.
Se fue.
Y los tres Dipinos volvieron a sus conversaciones, felices de haber evitado lo que, para ellos, era claramente un riesgo innecesario.
Desde ese día quedó establecida una nueva regla internacional de la familia Dipina:
POLLO CON HUESOS: NO CALIFICA. 🍗🚫
Porque hay decisiones que no requieren discusión.
Y esa era una de ellas. 😂✈️

