Negarse a sí mismo para salvar la vida: la paradoja más radical del Evangelio

Una página que desafía nuestra lógica

La lectura evangélica que nos presenta este domingo la liturgia es, sin duda, una de las páginas más radicales y paradójicas de todo el Evangelio. Jesús afirma que para “salvar la vida” hay que “negarse a sí mismo”. Y él mismo reconoce que esto no responde a la lógica humana, sino a la lógica de Dios.

Se lo dice con claridad a Pedro, que acaba de confesarlo como Mesías y sueña ya con la gloria y el triunfo humano: “Tú piensas como los hombres, no como Dios”. Todos queremos —y así debe ser— “salvar” la vida, “ganar” la vida. La pregunta no es si queremos ganarla, sino cuál es el camino para lograrlo. Y aquí conviene no equivocarse, porque solo tenemos una vida.

El camino: seguir a Jesús

El Evangelio lo repite constantemente: el camino es Jesús mismo —camino, verdad y vida—. Seguirlo significa “ir en pos de Él”. Pero eso exige “negarse a sí mismo y tomar la cruz”.

Es un camino sorprendente hacia la vida, que parece desembocar en la muerte de la cruz. Parece que ahí termine todo… pero sabemos que la cruz no fue el final. El camino para salvar la vida no es el de una existencia centrada en uno mismo, sino el de una vida entregada al servicio, hasta el final. Vivir al modo de Jesús, en pos de Él.

Lo más radical, a veces, es lo más verdadero

Todo esto puede parecernos —y lo es— muy radical. Pero en ocasiones, como esta, lo más radical resulta ser lo más verdadero. Basta con profundizar un poco en nuestra propia experiencia para comprobarlo.

La persona centrada en sí misma —en sus objetivos exclusivos, en sus intereses particulares, en sus logros aparentes o reales, en la búsqueda del reconocimiento y el aplauso a cualquier precio— nunca tiene bastante. Siempre necesita más, siempre quiere más. Y así va perdiendo la vida, de frustración en frustración.

Es una existencia paradójica: esa persona no quiere de verdad a nadie, y tampoco nadie la quiere de verdad a ella. A su alrededor se congrega una corte de aduladores interesados en su poder, su dinero o su influencia. Pero no en ella misma.

El descentramiento: entre decepciones y alegrías hondas

Cuando, por el contrario, nos descentramos y vivimos en actitud de servicio y entrega, la vida nos devuelve respuestas de todo tipo. También hay decepciones que nos hacen sufrir —a veces, precisamente, las personas por las que más apostamos son las que más nos decepcionan.

Pero junto a ello llegan alegrías profundas: la experiencia de haber sido capaces, pese a nuestras limitaciones, de ayudar a otros, de dar esperanza, de levantar a quien había caído, de sostener a quien sufría.

Conclusión: ganar la vida

No se trata de calcular si las alegrías superan cuantitativamente a las decepciones. Se trata de constatar algo mucho más sencillo y más hondo: una sola alegría verdadera basta para borrar cantidad de decepciones.

Y eso, precisamente, es “ganar la vida”.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Publicaciones relacionadas

Comienza escribiendo tu búsqueda y pulsa enter para buscar. Presiona ESC para cancelar.