Rosario de Pentecostés

Este rosario cuenta con 7 grupos de 7 cuentas perlitas o rosas (1 grupo por cada don) y una perla grande por cada grupo de perlitas y un un grupo más pequeño de 3 perlitas acompañadas de 2 más grandes. Y se re-za de la siguiente forma. Aunque no existe en internet ninguna imágen del mismo por no ser debidamente difundido

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo…Amén

CREDO:
Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen; padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de en-tre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

PADRE NUESTRO: Jesús nos enseñó a rezar: (Mateo 6, 5-15)
Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; No nos dejes caer en tentación, y líbranos del mal. Amen.

ORACIÓN AL ESPÍRITU SANTO:
Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles, y enciende en ellos el fuego de tu amor.
G: Envía Señor tu espíritu y todo será creado . . . . .
R: Y renovarás la faz de la tierra.
Jaculatoria: Oh Dios que has iluminado el mundo, con las luces del Espíritu Santo llévanos a gustar lo que es recto según tu mismo Espíritu, y gozar siempre de sus consuelos. Por Cristo Nuestro Señor Amén.
O bién:
Padre, Padre, envíanos al Paráclito, prometido por Nuestro Señor.

DOXOLOGÍA: GLORIA:
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Orden de los dones del Espíritu santo:
El don del Temor:
El don del Santo Temor de Dios nos llena con un soberano respeto por Dios, y nos hace que a nada temamos más que a ofenderlo por el pecado. Es un temor que se eleva, no desde el pensamiento del infierno, sino del sentimiento de reverencia y filial sumisión a nuestro Padre Celestial. Es el temor principio de sabiduría, que nos aparta de los placeres mundanos que podrían de algún modo separarnos de Dios. “Los que temen al Señor tienen corazón dispuesto, y en su presencia se humillan” (Ecl 2,17).

El don de Piedad:
El don de Piedad suscita en nuestros corazones una filial afección por Dios como nuestro amorosísimo Padre. Nos inspira, por amor a Él, a amar y respetar a las personas y cosas a Él consagradas, así como aquellos que están envestidos con su autoridad, su Santísima Madre y los Santos, la Iglesia y su cabeza visible, nuestros padres y superiores, nuestro país y sus gobernantes. Quien está lleno del don de Piedad no encuentra la práctica de la religión como deber pesado sino como deleitante servicio. Donde hay amor no hay trabajo.

El don de Fortaleza:
Por el don de Fortaleza el alma se fortalece ante el miedo natural y soporta hasta el final el desempeño de una obligación. La fortaleza le imparte a la voluntad un impulso y energía que la mueve a llevar a cabo, sin dudarlo, las tareas más arduas, a enfrentar los peligros, a estar por encima del respeto humano, y a soportar sin quejarse el lento martirio de la tribulación aún de toda una vida. “El que persevere hasta el fin, ese se salvará”(Mt 24,13).

El don del Conocimiento:
El don del Conocimiento permite al alma darle a las cosas creadas su verdadero valor en su relación con Dios. El conocimiento desenmascara la simulación de las creaturas, revela su vacuidad y hace notar sus verda-deros propósitos como instrumentos al servicio de Dios. Nos muestra el cuidado amoroso de Dios aún en la adversi-dad, y nos lleva a glorificarlo en cada circunstancia de la vida. Guiados por su luz damos prioridad a las cosas que deben tenerla y apreciamos la amistad de Dios por encima de todo. “El conocimiento es fuente de vida para aquel que lo posee” (Prov 16,22).

El don de Consejo:
El don de Consejo dota al alma de prudencia sobrenatural, permitiéndole juzgar con prontitud y correctamente qué debe hacer, especialmente en circunstancias difíciles. El Consejo aplica los principios dados por el Conocimiento y el Entendimiento a los innumerables casos concretos que confrontamos en el curso de nuestras diarias obligaciones en tanto padres, docentes, servidores públicos y ciudadanos cristianos. El Consejo es sentido común sobrenatural, un tesoro invalorable en el tema de la salvación. “Y por encima de todo esto, suplica al Altísimo para que enderece tu camino en la verdad” (Ecl 37,15).

El don del Entendimiento:
El Entendimiento, como don del Santo Espíritu, nos ayuda a aferrar el significado de las verdades de nuestra santa religión. Por la fe las conocemos, pero por el entendimiento aprendemos a apreciarlas y a apetecerlas. Nos permite penetrar el profundo significado de las verdades reveladas y, a través de ellas, avivar la novedad de la vida. Nuestra fe deja de ser estéril e inactiva e inspira un modo de vida que da elocuente testimonio de la fe que hay en nosotros. Comenzamos a “caminar dignos de Dios en to-das las cosas complaciendo y creciendo en el conocimiento de Dios”.

El don de Sabiduría:
Abarcando a todos los otros dones, como la caridad abraza a todas las otras virtudes, la Sabiduría es el más perfecto de los dones. De la Sabiduría está escrito: “todo lo bueno vino a mí con Ella, y riquezas innumerables me llegaron a través de sus manos”. Es el don de la Sabiduría el que fortalece nuestra fe, fortifica la esperanza, perfecciona la caridad y promueve la práctica de la virtud en el más alto grado. La Sabiduría ilumina la mente para discernir y apreciar las cosas de Dios, ante las cuales los gozos de la tierra pierden su sabor, mientras la Cruz de Cristo produce una divina dulzura, de acuerdo a las palabras del Salvador: “Toma tu cruz y sígueme, porque mi yugo es dulce y mi carga ligera”.

¿Como se reza el Rosario del Espíritu Santo?: Se comienza con el credo, y el Padre Nues
tro, (se los reza una sola vez). Luego en cada cuenta grande (Perla o Rosa) se reza la oración al Espíritu Santo (cada vez que inicia una secuencia de 7 perlas pequeñas) y enseguida se medita sobre el don correspondiente, siempre respetando el orden dado más arriba.
En cada perla o rosa pequeña se repite
V: Ven Espíritu santo con tu don de . . . . .(Se nombra el don que corresponde).
R: Ven Espíritu Santo
Luego de reza el gloria, y se vuelva rezar la oración del Espíritu Santo, reiniciando la secuen-cia de 7 perlas, reiniciando con el siguiente don.
En la última perla grande, después de rezar el Gloria se reza la Jaculatoria
En las 3 últimas perlitas se invoca.
1_ Ven Espíritu Santo, aumenta nuestra Fe.
2_ Ven Espíritu Santo, aumenta nuestra Esperanza.
3_ Ven Espírtu Santo, aumenta nuestra Caridad.
En la última perlita se reza el gloria

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Publicaciones relacionadas

Comienza escribiendo tu búsqueda y pulsa enter para buscar. Presiona ESC para cancelar.